Cuando el Perú cumplió sus primeros cien años de vida republicana, en 1921, diversas comunidades de inmigrantes decidieron expresar su cariño y agradecimiento por medio de donaciones monumentales.
Ejemplo de ello son el Jardín Japonés y la Fuente China –ubicados en Lima Cercado, junto al Museo de Arte– y el Arco Morisco, que donó la comunidad española y que hoy ha sido reconstruido en el distrito de Santiago de Surco.
La comunidad italiana, presente en nuestras tierras desde el siglo XVI, no se quedó atrás y aquel año de celebración entregó al Perú el Museo de Arte Italiano, que abrió sus puertas el 3 de marzo de 1924.
Piezas que se exhiben en el Museo de la Nación
El edificio es una sola nave con forma de octaedro, que ocupa una dimensión de 800 metros cuadrados. El arquitecto italiano Gaetano Amoretti lo concibió en mármol blanco labrado, al estilo arquitectónico del Renacimiento italiano, con un amplio portón de bronce al centro y dos murales exteriores a cada lado.
Cuentan que el Museo de Arte Italiano tiene la forma de un cofre, porque quien lo diseñó imaginó que fuera un gran depósito en el que la comunidad italiana pudiera guardar los más preciados tesoros y regalos que le ofreciera al Perú.
CONCEPTO REVALORADO
Han transcurrido cerca de dos siglos de vida independiente y hoy el valor del museo es otro, afirma la directora del Instituto Nacional de Cultura, Cecilia Bákula. Ella sostiene que en la actualidad un museo es un espacio de reflexión y encuentro cultural, y no solo el ambiente en donde se conservan y exhiben objetos.
Un museo, más bien, es un lugar donde se presentan objetos de colección para que su apreciación y apropiación social sea una manera de comprender el saber del otro y de uno mismo. "El museo es un espacio de investigación, conservación y rescate de patrimonio. Un lugar en donde pueden tener cabida todas las formas de expresión de un pueblo a lo largo de su existencia."